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El correr del tiempo es algo que no tiene solución.
El instante que es presente, por muy bello que sea, al segundo siguiente se convierte en pasado. La historia se escribe minuto a minuto. Y nunca se detiene.
Probablemente por eso existen los recuerdos, para atesorar trozos de historia que fueron significativos para cada uno.
El Estadio Jalisco tiene muchos de esos.
Nació cuando la idolatría por el Guadalajara y por el Atlas se desbocó.
El campo Martínez Sandoval o Parque Oblatos, como también se le conocía, ya no era suficiente.
Entonces se construyó un estadio que pudiera albergar a miles de seguidores en tiempos de aquel legendario Campeonísimo.
Fue inaugurado el 31 de enero de 1960, con una sola planta.
Para el Mundial de México 1970 se amplió con el segundo piso y quedó en su actual capacidad de aproximadamente 60 mil aficionados.
Tiene 50 años de edad y ha visto cientos de triunfos del Guadalajara. Miles de aficionados han pasado ahí momentos que no olvidarán jamás.
El Jalisco es uno de esos lugares que se transmiten de generación en generación. El padre lleva al hijo de la mano, por primera vez. Años después, ese hijo lleva al nieto de la misma manera.
Es un enorme cofre de tesoros. Pero el tiempo no se detiene. La modernidad es un tren imparable e implacable. Por eso, Chivas le tiene que abrir paso. Se muda a un estadio impresionante, eso es cierto.
Pero para que guarde tantos recuerdos como el Jalisco, pasarán años.
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